Cooperación y confianza
Mirar atrás implica un ejercicio de gratitud. En 2025 reafirmamos que somos más fuertes cuando conjugamos los verbos en plural y que la acción colectiva es una respuesta poderosa a los desafíos de nuestro tiempo. Fuimos capaces de demostrar que en la unión encontramos el coraje para transformar la realidad, la solidaridad para levantarnos en momentos difíciles y la inspiración para soñar y ejecutar proyectos empresariales, familiares o comunitarios. Descubrimos que la verdadera grandeza no emana del brillo de una estrella solitaria, sino de la cálida luz compartida que brota como una fuente del intercambio generoso de las causas compartidas.
Los seres humanos y las organizaciones somos más fuertes, más resilientes, más inteligentes y más felices cuando trabajamos y vivimos desde la primera persona del plural, cuando aprendemos a hablar de «nosotros».
En un mundo que privilegia el individualismo, en Comfama optamos por trabajar en red, tender puentes, construir caminos, confiar en los otros, vincularnos, llegar a acuerdos y hacer pactos. Sabemos que la mejor inversión de nuestros tiempos es aquella que cultiva la comunidad. Es por eso que, al hacer un repaso de nuestra gestión del año pasado, 2025, nos queda claro que tantas cifras y logros son el resultado de esa «cofradía de muchos».
Nos juntamos con instituciones, entidades públicas, empresas y otras organizaciones para generar progreso y cuidado, para dar aliento a la esperanza. La comunidad, con los vínculos humanos que la conforman, es el sustrato fértil para la garantía de derechos, el progreso familiar y el bienestar colectivo. Por eso, cada año renovamos nuestro compromiso histórico de tender puentes, tejer redes y construir conexiones.
Por ejemplo, un buen servicio de salud como el que ofrece la IPS Comfama es el resultado de miles de vínculos invisibles. Desde la EPS Sura, pasando por una r ed amplísima de proveedores, profesionales, usuarios y comunidades, incluyendo a actores públicos, privados y académicos, todos ellos hacen «magia» al juntarse y permitir que nuestro sistema de salud antioqueño, a pesar de las crisis y las afugias, siga siendo uno de los mejores de América Latina.
Miremos el caso de la red de colegios Cosmo, que por estas fechas tiene más de 6.000 estudiantes. El proceso educativo de niños y jóvenes depende, sobre todo, del compromiso de las familias en llave con los mentores y directivos. Estos espacios, además, están comprometidos con la idea del «colegio expandido». Sus estudiantes van a bibliotecas públicas, visitan museos, usan parques y se integran con la vida urbana. Ser ciudadanos es parte de su proceso formativo y de su experiencia cotidiana.
Por otro lado, nuestros más importantes proyectos de infraestructura de 2025 tienen el sello indeleble de las alianzas. El parque Cerro Tusa fue posible gracias a un pacto con la Gobernación de Antioquia que aportó el terreno; a la Alcaldía de Venecia y su compromiso con el turismo sostenible; además de la Gobernación de Antioquia y su empresa Activa; a los operadores turísticos de la zona y a muchos más que contribuyeron a su realización. Algo similar pasa con el parque del Bienestar, en Rionegro, cuyo predio es de la alcaldía municipal; con Biosuroeste, propiedad de los municipios de Valparaíso y Támesis; y la biblioteca Débora Arango, con la Alcaldía de Envigado. Sin estos gobernantes comprometidos, que entienden el poder del trabajo público-privado, el cuidado y operación de estas nuevas infraestructuras no existirían.
Vínculos similares, más antiguos, tenemos con EPM en los parques Arví y Guatapé, con Mineros y con Aris, en el Bagre y Segovia; con la Fundación Julio C. Hernández, en La Pintada; y con Envigado con el centro cultural Otraparte, para mencionar algunos ejemplos.
En lo social y cultural, igualmente, las alianzas se consolidan como nuestra manera de aproximarnos al mundo. Museos, organizaciones sociales, orquestas, espacios recreativos y teatros tienen una relación simbiótica con la compensación familiar. Los recursos aportados por los empleadores trascienden los límites de los espacios propios de Comfama y llegan a todos los rincones del departamento. Nada, absolutamente nada de lo que hacemos, lo hacemos solos. En este informe evidenciarán el inmenso orgullo que nos generan proyectos realizados con otros, como Arrullos, que nos permite luchar contra el hambre de la mano de la Gobernación de Antioquia. Resaltamos, igualmente, el programa de mejoramiento de vivienda, en equipo con VIVA y una red de fundaciones que llevan décadas comprometidas con el hábitat de calidad. Nuestro servicio de empleo es una red de alianzas con entidades públicas y empresas; de la mano de grandes organizaciones como el Distrito de Medellín y la Gobernación hemos conectado a decenas de miles de antioqueños y antioqueñas con la oportunidad laboral que tanto han añorado.
Capítulo aparte merecen, quizás, proyectos en los que jalonamos conversaciones regionales, en lo social, cultural y económico. El proyecto de desarrollo económico Antioquia Emergente, liderado con Proantioquia, Eafit y Breakthrough, sigue promoviendo acciones y proyectos de futuro para el turismo, el agro, la industria y la economía creativa. Hemos sido parte de una muy activa reflexión con la Federación de ONG y muchas organizaciones sociales como One inversión social, Fundación Parque Explora, Fundación mi sangre; entre otras, acerca del futuro y las transformaciones necesarias para el sector social de la región. Con un grupo de investigadores sociales, Grupo Sura y la Alcaldía de Bogotá publicamos y promovimos diálogos sobre la Encuesta Mundial de Valores para Colombia: pocas conversaciones son más relevantes hoy en día, que la de reflexionar acerca de los valores que nos separan, los que nos unen y la cuestión esencial de la confianza.
Más allá de las alianzas visibles, una organización como esta funciona gracias a una red inmensa de proveedores y a un equipo de trabajadores que, sumando nuestras empresas filiales, se acerca a casi las nueve mil personas. Podemos afirmar que las empresas son su gente y añadir que las buenas empresas lo son, gracias a los vínculos que mantienen a esa gente unida, alineada y comprometida. En Comfama sí que tiene sentido esa idea de que «ningún hombre es una isla», como lo expresa el poeta John Donne.
Y es que esta institución ha sido, desde siempre, una red. En una caja de compensación convergen empresas, trabajadores, sindicatos y entes gubernamentales. Aislados, sin los aportes de unos, la confianza y el apoyo de otros, y la exigencia de todos, no seríamos ni la sombra de una entidad que, como empresa, está ya en el grupo de las 100 más grandes de Colombia y, como entidad sin ánimo de lucro, se destaca con un papel esencial en el tejido social antioqueño.
Al acercarnos a 72 años de existencia, no podemos más que inclinar la cabeza, hacerle una reverencia en señal de profundo respeto y gratitud a la vieja, pero fundamental idea de la compensación. No hay compensación sin solidaridad. No habría, además, ninguna de las dos anteriores sin confianza y cooperación. Los logros de Comfama son de toda la sociedad; existimos gracias a los trabajadores afiliados, a un tejido empresarial robusto y comprometido, y a unas condiciones institucionales privilegiadas en el contexto colombiano. Comfama es resultado de una Antioquia optimista, trabajadora, diversa, fuerte y en permanente evolución.
A todos quienes nos han acompañado en este viaje —a los que estuvieron desde el principio y a los que se han sumado en el camino—, gracias por recordarnos que la permanencia es producto de la renovación constante de un pacto de afecto y compromiso. Acercanos a los tres cuartos de siglo implica no solo celebrar el pasado, sino honrar esa conexión viva que mantendremos, a toda costa, con el futuro de Antioquia y de Colombia.



